sábado, enero 22, 2005

X

Han pasado dos meses desde que inicie mi relato, desde que empecé a escribir las palabras que tenía escondidas acerca de lo que realmente me sucedía día a día. Han pasado dos meses, aunque no se sienten como tal… soy un cliché, pero es así de simple: Han pasado años en esos meses y en el primer día, tan sólo era un chico aburrido de su trabajo, de su escuela, de su amiguita pa’ cojer y perder el tiempo. Tan sólo era un hombre que se inventó un espacio en internet para escribirlo, como si a alguien le interesara… incluso, si fuera un léctor de esas letras, se me ocurriría que existen por ese ocio tan inhumano, por esa robotización a que el chico está impuesto. Un chico aburrido de la vida, tratando de huír de una decadencia cuyo origen está en la muerte de su hermano y la aparición de un hombre que se hizo llamar Ayer.

Creí que Ayer me había enseñado a cambiar la realidad a mi antojo, a través de mis deseos. Una tarde-noche de trabajo, me visitó Geraldine porque se lo pedí —mi amiga pa’ cojer que mencioné allá arriba—, hice que su libreto para la obra apareciera, tan sólo formulándome un simple hubiera. Y después, oh después… ¿tengo que contarles lo que sucedió? No lo haría, si me recordaran… si recordaran que la llevé al baño y la desnudé frente al espejo, e hice que su cuerpo cambiara a través de antojos banales, si se achicaban sus senos y se agrandaban sus caderas, era porque yo lo deseaba. ¡Mierda! ¡Incluso creo que la convertí en una enana!

¿Ustedes se imaginan a Dios? Yo no, yo soy agnóstico. Mi condición requiere no imaginármelo, a Él, digo… pero ustedes, ¿entre ustedes hay un buen creyente? ¿hay alguien que sea capaz de soñarlo? ¿Ustedes saben cómo se sintió Dios al despertar? Hoy si, hoy me lo imagino como un niño que un buen día, abrió los ojos en medio de una oscuridad envolvente. Debió ser muy triste sentirse y no tener luz para mirarse el cuerpo, debió ser terrible sentirse y no verse así mismo, porque la luz no existía. Él flotaba en una inmensidad desgarradora, Él era un niño que deseaba olvidarlo. Olvidarla a ella. Olvidarte Geraldine. Olvidar que tu cabeza caía como un harapo, como ropa vieja, y tu mirada vacía. Olvidar a tus padres Geraldine, olvidarlos mirando la tele, olvidar a tu madre hablando un hubiera que nunca existió.

Cuando abrió los ojos debió gritar, llorar y gimotear tanto… y en esa inmensidad oscura, él había inventado el sonido. Muchos creen que primero se inventó la luz, pero no… debió ser el sonido, debió ser Su grito. Y cuando por fin, cerró la boca y dejó de temblar, dejó de estremecerse… había envejecido siete, o diez, o quince años. Ya no era tan niño. Era un niño grande que había inventado el sonido y después fue la luz, y después fue el universo, y tanta mierda como quieran imaginar… se despertó en él, Él…

En esa infancia tan oscura, descubrió que podía hacer ríos, árboles y macetas, y seres humanos del barro, y envejecía, a su ritmo, cada que creaba algo, cada que algo mencionaba su Nombre, Él envejecía, y sólo quedaba él, en ese grito oscuro. Se evadía en esa creación, necesitaba hacerlo para no caer de nuevo a la oscuridad, Dios mío, Bendita sea tu luz, pero envejecías… ¿y si hubiera? ¿Me están agarrando la idea? ¿Y si existiera el conocimiento, el lenguaje, la capacidad de preguntarse, el tiempo y su necesidad de arrastrar el pasado? Ess muss sein! Ja! Ess muss sein!, habría dicho Dios, aún con su trampa mítica del Árbol del Bien y el Mal, el Árbol de la Ciencia, el Árbol de los Mil Nombres. A través de mis deseos, yo puedo ser Dios, yo puedo ser todo lo que yo deseé, todos son lo que yo deseé y Ayer me dejó, confidente, el conocimiento para lograrlo. Ummmm…

Ayer me abandonó, hace dos meses y Geraldine esta muerta y no lo esta, desde hace dos meses… o tal vez menos, o tal vez más. Tengo que contarles en pasado el resto… si aún quieren escucharlo, tienen que saber lo que dice el diario que escribió Ayer, tienen que saber de Perez-Moldován, tienen que saber de Destino, tienen que saber de mi hermano, tienen que saber de las hermanas, de Ulises y de su madre que habla como si estuviesen vivos, tienen que saberlo todo, aunque estas letras… cuando estén terminadas, probablemente signifiquen mi muerte. Esta es la historia de Ayer, una historia tan cruel como el juego de los deseos que inventó Dios, al despertar.